12.4.09

El Escritor sobre El Escritor

(largo e pianissimo siempre)

Cuando el escritor empieza a escribir en un cuaderno nuevo siempre se pregunta si podrá narrar una buena historia. De antemano sabe que podrá redactarla bien, que no se equivocará en los signos de puntuación y que no cometerá (demasiadas) faltas de ortografía.
También sabe de antemano, y lo ejecutará a la perfección, todos sus vicios de escritor, los cuales son varios, a saber: abrir el cuaderno y abanicar las hojas para que no haya ninguna pegada; revisar si la lapicera fuente con la que escribirá tiene tinta porque si tiene poca no pasa al siguiente paso hasta no haber encontrado un nuevo cartucho y tenerlo listo sobre la mesa; lo que nos lleva al paso siguiente, prepara té, busca cigarrillos, pone todo en la mesa ratona del living, se sienta en el piso, empieza a fumar, abre el cuaderno, destapa la lapicera fuente, da un sorbo al té, levanta la vista, piensa la mejor oración, y empieza a escribir.
Después va superponiendo uno y otro paso hasta que queda conforme con lo escrito. El conformismo en su caso es una medida de lo más difícil porque quisiera escribir como Soriano, como Cortázar, como Chandler, pero sabe que escribe como cualquier hijo de vecino que abusa de la aliteración, y lo peor es que escribe intentando sonar como Soriano, como Cortázar, como Chandler; aquí es dónde mejores cosas escribe y dónde más a gusto se siente, pero cómo es un ratón de biblioteca, que toma vino y sale con chicas, bien sabe que jamás llegará a empardar a todos los que leyó.
Más aún, cree que lo que escribe ya lo escribió alguien antes y mucho mejor que él. Pero no se rinde y sabe que las musas pueden aparecer en cualquier momento, por eso el siempre trata de estar escribiendo, no sea cosa que la inspiración lo encuentre comiendo una grande de muzzarella.
Antes solamente podía escribir de noche y acompañado por una copa de vino, preferentemente tinto y necesariamente cavernet sauvignon. Éstos hábitos cambiaron después de cinco meses a dietas por unos cálculos en la vesícula que lo tenían a mal traer y entonces se volcó al té a falta de algo más fuerte. Lo bueno de este cambio es que dejó de escribir "oscuro" para escribir simplemente lo que le viene en gana sin estar oscurecido por el vino y sin escribir cosas que ni él mismo entendía al otro día.
Pero también pasa muchos días sin poder escribir ni siquiera su nombre en las paredes del baño de la cancha de Boca juniors. Cuando llegan estos momentos sabe darse un tiempo para volver a cargarse de historias para escribir. Antes solía molestarse por no poder escribir y maldecía su suerte, su imaginación y su futuro como escritor. Hoy ya no lo hace, él sabe que no es un escritor, esa palabra y esa profesión le suenan muy grandes. Él solamente es un tipo desesperado por decir cosas y lo dice como puede con lo que tiene a mano, en este caso un cuaderno y una lapicera.
Al fin y al cabo, uno escribe por no hacer algo peor...





Pablo Martín Dicugno (Chupetines de Colores)