Hoy se despertó, y como siempre lo primero que se le vino a la cabeza, fue el día de ayer y ella... Quería volver el tiempo atrás, a ese momento en que deseó que el tiempo no pasara... y dejarlo pasar a su lado. Una tremenda contradicción. Como todo en esta vida, cuanto más seguro se sentía, más ganas de correr le daban. Era ella, lo sabía, nunca había sentido nada parecido pero ¿podría ser cierto? ¿A quién se perdía de conocer mientras la abrazaba? ¿Valían la pena sus besos? Quería saber que pensaba, qué sentía, y si bien parecía que le correspondía, no podía dejar de llenarse de dudas. Cuando la veía se sentía como en casa, pero después ella se iba, siempre se iba, y aunque sus mensajes eran totalmente alentadores, un gusto amargo le invadía: miedo. Miedo de quererla, miedo de perderla, miedo de gustarle demasiado o demasiado poco, miedo de desear detener el tiempo en su abrazo, de entregarle todo, de perderlo todo... Malditas putas contradicciones, que no se iban debajo de la ducha, ni cuando se vestía y de repente un buzo usado le regresaba algo de su perfume. Odiaba tanto todo esto, pero mucho más odiaba pensar que en algún lugar no muy lejos, ella también se estaba despertando, y vistiendo, y su piel... Odiaba el sólo hecho de imaginarla, de no poder dejar de imaginarla... Pero esta mañana de lluvia, se dejaría llevar, como siempre, porque al final ella era su pasatiempo preferido, y la amaba.