28.9.08

Corazón Delator

Un señuelo, hay algo oculto en cada sensación, ella parece sospechar, parece descubrir en mi debilidad los vestigios de una hoguera. Mi corazón se vuelve delator, traicionándome. Por descuido fui víctima de todo alguna vez, ella lo puede percibir, ya nada puede impedir en mi fragilidad, es el curso de las cosas. Mi corazon se vuelve delator... Se abren mis esposas.
Un suave látigo, una premonición evocan llagas en las manos, un dulce pálpito, la clave intima se van cayendo de mis labios.
Un señuelo, hay algo oculto en cada sensacion, ella parece sospechar, parece descubrir en mí, que aquel amor, es como un océano de fuego...
Mi corazón se vuelve delator, la fiebre volverá de nuevo.

(SODA STEREO.)


Pasatiempo

Hoy se despertó, y como siempre lo primero que se le vino a la cabeza, fue el día de ayer y ella... Quería volver el tiempo atrás, a ese momento en que deseó que el tiempo no pasara... y dejarlo pasar a su lado. Una tremenda contradicción. Como todo en esta vida, cuanto más seguro se sentía, más ganas de correr le daban. Era ella, lo sabía, nunca había sentido nada parecido pero ¿podría ser cierto? ¿A quién se perdía de conocer mientras la abrazaba? ¿Valían la pena sus besos? Quería saber que pensaba, qué sentía, y si bien parecía que le correspondía, no podía dejar de llenarse de dudas. Cuando la veía se sentía como en casa, pero después ella se iba, siempre se iba, y aunque sus mensajes eran totalmente alentadores, un gusto amargo le invadía: miedo. Miedo de quererla, miedo de perderla, miedo de gustarle demasiado o demasiado poco, miedo de desear detener el tiempo en su abrazo, de entregarle todo, de perderlo todo... Malditas putas contradicciones, que no se iban debajo de la ducha, ni cuando se vestía y de repente un buzo usado le regresaba algo de su perfume. Odiaba tanto todo esto, pero mucho más odiaba pensar que en algún lugar no muy lejos, ella también se estaba despertando, y vistiendo, y su piel... Odiaba el sólo hecho de imaginarla, de no poder dejar de imaginarla... Pero esta mañana de lluvia, se dejaría llevar, como siempre, porque al final ella era su pasatiempo preferido, y la amaba.

10.9.08

Cerró los ojos y se dejó abrazar. Ahora es más que un alma frágil: adónde quiera que va, lleva el peso de sus brazos, acobijándola. Tal vez sea una ilusión, sólo un fantasma de una noche en penumbras, pero ella lo atesora delicioso en su mente, y en secreto. Nadie más lo sabe, ni lo sospecha. Nadie más... Así cuando sonríe sin querer, recordándolo fugazmente en algún viaje de colectivo, puede discimularlo eficientemente. Hace que sonríe con los comentarios de las viejas simpáticas. Nadie, nadie lo sabe, pero está enamorada...

5.9.08

Ayer, como casi todos los días de frío, ella se fue a calentar al lado de la estufa. Una lágrima rodaba por su mejilla coloreándola con el oscuro del rimmel. A veces se olvidaba de que había llorado, y cuando reencontraba la imagen del espejo pensaba que no le quedaban muy diferente a los payasos, las vías negras que le dibujaban las lágrimas. Era su pequeño rincón, al lado de la estufa, cuando recordaba el calor que le brindaban sus brazos. "Por lo menos me servía de estufa" pensó amargamente. ¿Por qué si la quizo tan poco ella todavía tenía el recuerdo tan presente?. Hay dos clases de mujeres: las que viven superando y las viven recordando. Lo sabía muy bien, y no sería de las segundas, de ninguna forma, se maquillaría y saldría a la calle, a enfrentar al mundo con sus botas de punta en blanco, sería la mismísima desición en persona, volvería a casa, pondría música de Juana de Arco y se atragantaría las lágrimas allí en la esquinita con la estufa, con la cara contra la pared, ocultándola para que nadie supiese... imaginase... nunca la descubriesen... ni siquiera sus brazos.