10.9.08
Cerró los ojos y se dejó abrazar. Ahora es más que un alma frágil: adónde quiera que va, lleva el peso de sus brazos, acobijándola. Tal vez sea una ilusión, sólo un fantasma de una noche en penumbras, pero ella lo atesora delicioso en su mente, y en secreto. Nadie más lo sabe, ni lo sospecha. Nadie más... Así cuando sonríe sin querer, recordándolo fugazmente en algún viaje de colectivo, puede discimularlo eficientemente. Hace que sonríe con los comentarios de las viejas simpáticas. Nadie, nadie lo sabe, pero está enamorada...