"Años más tarde, cuando trataba de recordar cómo era en la realidad la doncella idealizada por la alquimia de la poesía, no lograba distinguirla de los atardeceres desgarrados de aquellos tiempos. Aún cuando la atisbaba sin ser visto, por aquellos días de ansiedad en que esperaba la respuesta a su primer carta, la veía transfigurada en la reverberveración de las dos de la tarde, bajo la llovizna de azhares de los almendros, donde siempre era abril en cualquier tiempo del año..."
"Ausencia Santander lo volteó al derecho y al revés con su sabiduría de perro viejo, lo paró de cabeza, lo subió y lo bajó, lo volvió a parir como nuevo, le hizo trizas sus virtuosismos teóricos, y le enseñó lo único que tenía que aprender para el amor: que a la vida no la enseña nadie..."
"Con ella aprendió Florentino Ariza lo que ya había padecido muchas veces sin saberlo, que se puede estar enamorado de varias personas a la vez, y de todas con el mismo dolor, sin traicionar a ninguna. Solitario en el muelle, se había dicho con un golpe de rabia: El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas..."
(García Marquez)